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UN AÑO


Las circunstancias, el destino o nuestras decisiones muchas veces nos ponen en situaciones extremas, donde no queda otra opción que empezar de nuevo.


Por un lado, lamento haber dejado el periodismo durante un lustro; por el otro, agradezco a Dios y a quienes fueron influyendo en mi vida que esta hermosa pasión continúe abrazándome.


Volver a sentirme parte del juego más maravilloso que se pudiese inventar, aunque sea del otro lado de la línea, es un placer que muy pocos pueden entender… Pero voy a tratar de explicarlo: Al sacar una foto en el momento exacto me siento como un arquero que vuela hacia una pelota imposible, y en el último instante estira aún más los dedos para que ésta desvíe su inexorable destino; cuando encuentro las palabras adecuadas para contarles cómo fue tal o cual partido, siento como si mi empeine se llenara con la pelota, sabiendo desde el momento mismo del impacto cuál será la exacta trayectoria del remate; cuando descubro un nuevo hecho estadístico relevante, es como si llegara con la punta del pie a evitar que el delantero se lleve la pelota en soledad…


Disfruto, a mi manera, de cada partido de fútbol, pero teniendo totalmente en claro que los únicos y verdaderos protagonistas de esta historia son los jugadores, y con esos jugadores que dejan el alma en la cancha, pero no la siembran de tobillos rivales; con esos que tiran caños y gambetas, pero no lanzan alaridos ante el mínimo roce y en un vuelo exagerado van pidiendo tarjetas; con esos que anticipan al delantero, pero sin revolear codos malintencionados… Con esos jugadores gozo, y junto a ellos me alegro o me entristezco.


Pero volvamos al motivo de este editorial, que es el primer aniversario de esta página. Un año, al fin y al cabo, es solo una excusa para que uno se ponga a escribir lo que se viene sintiendo de un tiempo a esta parte: En primer término, me siento en deuda, ya que la falta de tiempo no me ha permitido ahondar en la historia del fútbol saltense, ni de realizar más reportajes a personajes ilustres, ni de concretar infinidad de proyectos que están estipulados; pero si el tiempo no alcanzó, en gran parte fue porque en el camino se me ocurrió tratar de cubrir la mayor cantidad de partidos posibles con la colaboración de los auténticos protagonistas, y eso fue lo que, personalmente, más satisfacciones me dejó, como que la gran mayoría de los jugadores y técnicos, de Salto y de la zona, se hayan prestado a mi requisitoria de la forma que lo hicieron (algunos se pasaron, ya que, además de responderme, desde un primer momento se ofrecieron para facilitarme la tarea poniéndose a mi entera disposición), o descubrir que, en tiempos donde tanto se habla de los problemas de la juventud, la gran mayoría de los adolescentes que juegan al fútbol son respetuosos, atentos, piden y aceptan concejos.


Como no puede ser de otra manera, también estuvieron los hinchas insatisfechos, que pretenden que uno escriba poniéndose en su lugar, algún jugador al que no le interesó contestarme… Pero es parte del juego.


Quedan muchas historias por escribir, muchas aptitudes y actitudes por elogiar o por criticar, muchas fotos por sacar, muchos números por sumar…


Es un año apenas… No hay mucho para festejar, simplemente, tengo que agradecerles que hayan compartido este tiempo conmigo.


CARLOS ABEL RIGGI


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